miércoles, 21 de diciembre de 2011

Yo también dejo de escribir novelas


Por fin lo tengo claro. No voy a escribir la novela que tengo en mente. Ustedes se lo pierden porque iba a ser una obra maestra. Lo malo es que sé de muy buena tinta que una vez publicada, la chusma iba a descargar de Internet el doble de copias que los ejemplares que pudiera vender. ¿Cómo lo sé? Eso me lo callo. Lucía y yo lo sabemos.

Lucía Echevarría deja de escribir novelas. Aparte de agradecérselo como lector, me pongo a escribir sobre este “Notición” por el razonamiento que expone la susodicha famosa para dejar la literatura. El domingo, 18 de diciembre anuncia en su perfil de Facebook:
«Dado que he comprobado hoy que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio oficialmente que no voy a volver a publicar libros en una temporada muy larga. No al menos hasta que esta situación se regule de alguna manera. A mí no me apetece pasarme tres años trabajando como una negra para esto. Si quiero regalar novelas, haré copias para mis amigos en plan Sebastian Venable

Tras la publicación de esta nota las reacciones de la gente no se hicieron esperar. La inmensa mayoría consideraban insultante la actitud victimista. A ellas, la famosa contesta con un largo e incongruente comunicado que provoca vergüenza ajena. De pasada vuelve a insistir en el motivo que esgrimió como el principal para dejar de escribir novelas.

Obviando la imposibilidad de establecer una relación clara entre Lucía Echevarría y Literatura, entramos de lleno, con sus palabras, en el debate falaz abierto por las multinacionales de la cultura, que poniendo en primera línea a sus contratados mejor pagados, dispuestos ellos a recibir las tortas dirigidas a sus señores, despliegan todos sus medios y poder con un fin único: el control de la Red, verdadero y único lugar donde la libertad se muestra tal como es.

Todo intento de injusticia comienza por manipular los hechos. Todo intento de manipulación de los hechos comienza por tergiversar el significado de las palabras, por manipular el lenguaje. Confundamos pues “Piratear” con “Copiar”. Confundamos nuestra conveniencia con la Ley. Confundamos industria con cultura.

Antes de Internet, la gente se pasaba los discos de vinilo para grabar su música en cintas magnetofónicas. Antes de Internet se prestaban las novelas entre amigos y familiares. Eso no era, ni es, infringir los derechos de autor. Con la informática la copia y el préstamo se hacen de manera más cómoda para el consumidor. Pero resulta que la tecnología sólo debe valer para abaratar costes de producción a cambio de un desorbitado precio del producto, interviniéndolo si fuera necesario*. Por su parte el consumidor final, no puede, no debe beneficiarse de esta tecnología de manera libre y gratuita. Debe pagar lo que las empresas del sector apoyadas por el poder político establezcan, pisoteando cualquier atisbo de libertad.

Lo primero que me vino a la mente después de leer la infame nota fue: ¿por qué Lucía Echevarría no ha averiguado cuántos préstamos y desideratas hay registrados de su última novela en las bibliotecas públicas de España? Según su razonamiento cada uno de ellos es un ejemplar menos que vende. Seguro que es un dato más fácil de conseguir y por supuesto mucho más fiable que el de la cantidad de copias descargadas.
Tal vez sea hora de ir entrando en la escabrosa cuestión de las bibliotecas de acceso público. Allí también se presta música.

Esta señora es lo menos importante de todo lo dicho aquí. Lo verdaderamente fundamental es la lucha constante contra el permanente intento de los poderes, económico y político, de hacerse con el control absoluto de la Red.

De todo esto saco en claro una cosa: cuando me pregunten por las novelas que he escrito ya no tengo que disimular diciendo aquello de «…una o ninguna». No escribiré ninguna y punto. No, hasta que la situación se regule garantizándome que todos y cada uno de aquellos que quieran leer mi genial obra, la compren obligatoriamente.
Como ha escrito hace poco un novelista español situado en plena cresta de ola: «…piensa que ha llegado la hora de que los escritores empiecen a decir algo humilde y bonito, algo sano. Quiero ser leído.» Para ser sinceros deberían añadir «…únicamente por alguien que compre mi libro, no faltaba más
  

*(Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas)

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